Decía Bertrand Russell en sus Ensayos Impopulares -libro no especialmente recomendado- que solo si estás muy muy muy seguro de que tu tesis es cierta, entonces cualquier acto que cometas bajo su amparo estará moralmente justificado. Y cito al conde:

Si la escatología de Marx es cierta y en cuanto el capitalismo privado haya sido abolido seremos felices por siempre jamás, entonces está bien perseguir ese fin por medio de dictaduras, campos de concentración y guerras mundiales; pero si el fin es dudoso o no es seguro que se alcance con esos medios, entonces la desdicha actual se convierte en un irresistible argumento contra tan drásticos métodos. Si tuviésemos la seguridad de que sin los judíos el mundo sería un paraíso, no podría presentarse una objeción válida contra Auschwitz; pero si es mucho más probable que el mundo que surgiese de tales métodos fuese un infierno, entonces podemos dar vía libre a nuestra natural repugnancia humanitaria contra la crueldad.

Puesto que, en términos generales, las consecuencias distantes de las acciones son más inciertas que las consecuencias inmediatas, pocas veces resulta justificable embarcarse en política alguna con el pretexto de que, aunque perjudicial en el momento, resultará beneficiosa a la larga. Este principio, como en todos los otros sostenidos por los empíricos, no debe ser sostenido absolutamente; hay casos en que las consecuencias futuras de una política son bastante ciertas y sumamente desagradables, en tanto que las consecuencias actuales de otra, aunque no agradables, son fácilmente soportables.

Se me ocurren unos cuantos ejemplos que no quebrantarían la lógica Russelliana, pues sabemos con seguridad que nos acercarían, al menos durante un tiempo, a la emancipación humana. Entre ellos la desaparición de ciertas organizaciones y grupos de personas como los consejos de dirección de las United Fruit Company y las Halliburton del momento, y toda la cadena de transmisión de proxenetas que pasa por bancos mundiales y agencias de seguridad hasta llegar a los llamados gángsters económicos, como el arrepentido de este vídeo.

Los gángsteres económicos (Economic Hit Men, EHM) son profesionales generosamente pagados que estafan billones de dólares a países de todo el mundo. Canalizan el dinero del Banco Mundial, de la Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID) y de otras organizaciones internacionales de ‘ayuda’ hacia las arcas de las grandes corporaciones y los bolsillos del puñado de familias ricas que controlan los recursos naturales del planeta. Entre sus instrumentos figuran los dictámenes financieros fraudulentos, las elecciones amañadas, los sobornos, las extorsiones, las trampas sexuales y el asesinato. Ese juego es tan antiguo como los imperios, pero adquiere nuevas y terroríficas dimensiones en nuestra era de la globalización. Yo lo sé bien, porque yo he sido un gángster económico.

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Forte staras muroj de miljaroj inter la popoloj dividitaj, sed dissaltos la obstinaj baroj per la sankta amo disbatitaj. Sur neŭtrala lingva fundamento, komprenante unu la alian, la popoloj faros en konsento unu grandan rondon familian.

Fuertes se levantan los muros milenarios entre los pueblos divididos, pero saltarán en pedazos las obstinadas barreras que con sagrado amor serán derrumbadas. Sobre un fundamento lingüístico neutral, comprendiéndose los unos a los otros, los pueblos harán de común acuerdo, una sola gran familia.

(La Espero)

Latín, alemán, francés, inglés… el mundo ha cambiado de idioma al son de la potencia económica o intelectual del momento. Y es posible que la cosa aún no haya acabado. Los que nos defendemos con el inglés podríamos convertirnos en analfabetos en cuestión de dos décadas si China sigue creciendo y decide pujar por su idioma. Claro que ellos no lo tienen tan fácil. Antes deberán implantar con éxito el pinyin en su país, y espero no equivocarme porque no me veo con cincuenta años en un curso de caligrafía mandarina.

La existencia de una lengua franca asociada a un país y, por lo tanto, a un conjunto de nativos que la hablan como su lengua materna, es doblemente injusta. Primero por que nos pone al resto en clara desventaja competitiva. Segundo porque aprenderlo cuesta dinero, y alcanzar un nivel digno no está al alcance de las clases más bajas de ningún país -echad cuentas.

Descartando la posibilidad de estar eternamente cambiando de lengua franca y luchando por la conservación del resto hasta que una bomba atómica acabe con tanta tontería, el problema puede acabar de dos maneras.

La primera es que el chino o el inglés acabe extendiéndose tanto que deje de haber nativos de las lenguas locales. El inglés será, a la vez, lengua nativa y lengua franca. No más políticas linguísticas, no más sardanas, no más pinganillos en el parlamento europeo, no más señoras que lamentan que sus hijos no pueden ser jueces en Cataluña porque no saben catalán. Un mundo anglosajón con particularidades locales y ketchup en todas las comidas. Muerto el perro se acabó la rabia.


La diversidad existe porque es una condición necesaria para el progreso humano, sin ella éste no  existiría. Las sociedades diferentes, lejos de estar en un grado  distinto de progreso, como lo planteaban los evolucionistas, son parte  de ese progreso. Pero no progresó “una sociedad” sino  la “humanidad”[...] El aporte de cada cultura al progreso de la humanidad no consiste en la lista de  sus invenciones particulares sino en la separación diferencial  que exhiben entre ellas [...] y ha sido más fecundo  cuanto más diversificación hubo entre culturas.

Levi-Strauss


La segunda posibilidad es que por equilibrios de fuerza entre dos lenguas francas pujantes, o por un improbable ataque de raciocinio global, se establezca como internacional una lengua desvinculada de cualquier país y que, por ser artificial, se pueda aprender sin demasiada dificultad -unos pocos meses-. El esperanto sería probablemente la mejor posicionada de las lenguas artificiales existentes. Al ser una lengua neutral no ligada a ningun país ni cultura determinados -salvo la cultura de la paz- su agresividad para desplazar a las lenguas locales sería menor, que no inexistente. En el peor de los casos la gente iría abandonando, por comodidad, su lengua local, pero al menos evitaría que su cultura fuera substituida -diferente de mezclada- por otra.

Por cierto, China tiene la comunidad más grande de esperantistas -especialmente para ellos es mucho más fácil que el inglés- y algunas de sus universidades lo enseñan. Brasil también está experimentando, y el anarcosindicalismo español -CNT – CGT-  fue uno de las primeros en fomentar el esperanto entre sus miembros, tradición recuperada en el último congreso de la CGT de Catalunya.

Os dejo el vídeo de un denaskulo -nativos de esperanto entre los que se encuentra el gran especulador e hijo de… esperantistas, George Soros- :

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Hay muchos datos de archivo relativos al comportamiento de los pasajeros de un barco cuando se está hundiendo. Hay un hecho común: que los pasajeros no se suben inmediatamente a los botes salvadidas, sino que suelen esperar por lo general hasta el último momento. Esto así porque cuando tienen que decidirse  entre lo conocido y lo desconocido la gente suele optar por lo conocido, aunque sea la peor opción.

Esto suele ocurrir especialmente cuando el barco se hunde poco a poco y aún hay luz y calefacción en los camarotes. Nadie se precipitará hacia los botes salvavidas. La gente empezará a racionalizarlo: ¿tenemos verdadera certeza que se está hundiendo el barco? ¿realmente estaremos más seguros en los botes salvadidas? ¿seguro que la tripulación reparará la vía de agua? El capitán nos dirá lo que hay que hacer. Alguien vendrá a ayudarnos.

Pero tenemos que elegir.

Un año sin petróleo (2008) es un pequeño documental de un tipo finlandés que decidió vivir -mujer e hijos también iban en el pack- un año minimizando el consumo de petróleo y derivados, y que bien podría hacer acabado en divorcio. La película no duró mucho en los cines, pero aquí la podéis ver online. Eso sí, antes de ver la película y para que cunda el pánico os recomiendo muy mucho este artículo sobre petróleo, reservas y un poquito de geopolítica.

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Si tienes entre 15 y 25 años, tu mamá no va a la pelu una vez por semana, tu papá no juega al padle, y ni tú ni tus hermanos prometéis como gladiadores jugadores de fútbol, haz del favor de seguir leyendo lo que la Organización Internacional del Trabajo dice de tí, porque Dios no existe -o no da señales de vida- y rezar no te servirá de mucho. A lo mejor te sirve de consuelo, pero para eso el whisky, el sexo, y el suicidio han demostrado ser más eficaces. Claro que la Iglesia te dirá que no, pero tú ni caso, es que no les gusta la competencia.

Te decía que estos señores han estado un tiempo en el rincón de pensar y han sacado un informe que dice algunas cosas sobre tu oscuro presente y tu negro futuro. Puedes encontrar un resumen en el blog de Àngels, y si tienes 15 minutos puedes echarle un vistazo al informe original.

La buena noticia es que la solución es fácil porque la conocemos conscientemente desde que un filósofo con barba analizó sesudamente el transcurso de la historia y concluyó que el mundo se divide en explotados y explotadores y que la lucha entre ellos es el motor de la historia. Como con la paga de tus padres o el trabajillo de verano no habrás reunido capital -dinero- suficiente como para comprar el esfuerzo de tus amigos y forrarte fabricando camisetas de Enjuto Mojamuto, no te queda más remedio que engrosar las filas de los explotados. Si te sirve de consuelo, estás con la mayoría. En realidad es algo más complejo que eso, pero para el asunto que nos conscierne este prisma, esta perspectiva, del mundo ha demostrado ser una herramienta muy útil para entender muchas cosas como las que están pasando estos días. Para actualizar lo que decía el barbudo puedes empezar a leer qué es el FMI, el Banco Mundial, Emilio Botín, la familia Polanco, la especulación financiera, la guerras del petróleo, las maquilas, la constitución Española, la de la Segunda República, el Estatuto de los Trabajadores y la flexiseguridad.

La mala noticia es que la práctica es más puñetera. Has nacido en una época donde la gente ya ha olvidado lo que decía el barbas -en realidad han sido los explotadores, que son los que tienen las teles para engañar a la gente- y salvo algunos pocos cabezones, el resto se ha tragado el cuento o está confundido. Los del lado de los explotadores nos han tendido una trampa que se llama sociedad de consumo, “un peligroso envase lleno de nada que permite suprimir las necesidades reales mediante la oportuna imposición de necesidades artificiales”. ¿Te acuerdas cuando durante unos meses fuiste el único de la clase que no tenía la Play Station III, hasta que tus padres, para no traumatizarte, te la acabaron comprando? Pues eso.

Que no te engañen los tertulianos de la tele cuando dicen, como curas hablando de matrimonio, que en España no hay espíritu emprendedor y que todos quieren ser funcionarios. Ojalá fuera tan sencillo. Emprendedor es un eufemismo, una palabra vieja con una acepción nueva que significa ¨obrero sin capital que busca capitalistas¨. Y es bueno, claro, sobretodo si tienes una idea buena que vaya a desembocar en algo útil para la sociedad, y tanto mejor si, siendo de la minoría que prospera, creas una empresa justa con sus trabajadores. Será la panacea si lo que montas tiene forma de cooperativa. Pero la falta de esperítu emprendedor no explica que estemos como estamos, con cuatro veces más paro entre los jóvenes españoles que entre nuestros vecinos. Se habla mucho de Estados Unidos y su Sillicon Valley, y se pone el acento en la cultura americana. Si bien es cierto que los yankees son para estas cosas algo más lanzados que nosotros -algunos dicen que por la ética protestante de sus primeros pobladores-, lo que no se dice tanto es que en EEUU hay muchísimo capital buscando el mejor sitio donde invertir. Ese capital existe por muchas razones, pero una de las gordas son las guerras que se generan en la otra punta del mundo. Es de esa manera, expoliando -robando- los recursos de los países pobres, como los capitalistas del primer mundo consiguen el dinero para que su rueda siga girando. Por eso gastan más dinero en ejércitos que en tiempos de la guerra fría. Como EEUU es un país imperialista, puede permitirse esos lujos. Pero claro, no es muy ético.

En definitiva, que las teles cada vez son más planas y los ordenadores más rápidos, pero por este frente la cosa está cada vez peor y nos están quitando lo que a nuestros predecesores -quizás a tus padres o a tus abuelos- les costó sudor, lágrimas, fosas y entierros. Como puedes ver hay mucho camino por recorrer, así que si no te gusta que se rían de tí más vale que vayas despidiéndote del individualismo y pensando a qué sindicato y/o partido y/o colectivo organizado alistarte, por solidaridad, por cabezonería, por contestacionismo, o por dignidad, porque esto es la guerra y más vale perder de pie que humillarse arrodillado.

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Yo pensaba que los Plenos del Ayuntamiento de Badalona eran garrulos, altivos, chulescos, indignantes, irrespetuosos, inútiles y teatrales. Pero no lo había visto todo. Siempre habrá alguien que esté peor.

He descubierto recientemente, por indicación de un resignado amigo canario, un vídeo que ya tiene un par de añitos. Después de tres meses detrás de la concejala del PNC para que dé una relación de las ONG de la ciudad, la mujer, con dos cojones, llega al Pleno y dice:

La relación de locales que usted me pide y me solicita con las siglas ONG, en Patrimonio no figura ninguno. Sí figuran otras asociaciones como San Miguel, la Cruz Roja, etc., pero con esas siglas… no.

Paisanos, ¡que no estamos tan mal!

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La minería de datos (data mining para los ingleses y para los guays) es una rama de la ciencia que utiliza la estadística y la computación para extraer información relevante, a veces no apreciable a simple vista, de grandes cantidades de datos. Como toda ciencia o tecnología tiene sus aplicaciones buenas y sus no tan buenas. Entre las buenas se encuentran el estudio del ADN -se puede saber si eres más o menos propenso a padecer cierta enfermedad- o las recomendaciones de libros. Entre las no tan buenas están las aplicaciones que les dan seguros y bancos para no darte un crédito o cobrarte más de la cuenta.

El tema es que es una herramienta muy potente que la humanidad utiliza más con fines puramente capitalistas de maximización de beneficio que para fines más bien sociales. Si bien es cierto que la maduración de las técnicas en uno de los frentes puede beneficiar a todos, es ciertamente triste ver como ingenierios, científicos, y otros enseres capacitados se autoaplican el guía burros para no ver -o prospeccionar- qué más se puede hacer.

La última fantástica aplicación viene de las mentes semipensantes de las cárceles de Philadelphia y de Balimore, que han confundido la estadística con la clarividencia, despachando las libertades condicionales en función de lo que diga el oráculo sobre el futuro comportamiento del reo.

Vamos a ver cómo explicamos que esto es, matemáticamente hablando, una gilipollez.

Lo que se hace en estos casos es  elegir un conjunto de variables que modelan al preso, tales como edad,  número de delitos cometidos y su gravedad, sus estudios, su profesión, su barrio, su estado civil, y una serie de variables socioeconómicas relevantes que lo caracterizan. Una vez tenemos los ingredientes hay que cocinarlos. Para ello los metemos como entrada en una función matemática que nos da como resultado la probabilidad de que el preso se porte mal en el futuro.

¡Atención! tenemos la primera cagada: el resultado es una probabilidad -o algo parecido- que nunca será del 100% puesto que nunca se puede estar seguro de nada. Pero sigamos.

El cómo creamos esa función, que viene a ser nuestro oráculo, es irrelevante para el caso, aunque de ello sacaríamos las siguientes cagadas en el planteamiento de nuestros amigos. Digamos que a esa función se la entrena con presos antiguos de los que sabemos sus datos y si reincidierion o no. Matemáticamente tendríamos algo así:




Donde  x es el conjunto de datos del preso, f(x) nuestra función mágica que actua sobre esos datos, e y el veredicto final, que será un número entre 0 y 1 interpretable como la probabilidad de que el preso delinca.

Imaginemos, como han hecho nuestros amigos, que aplicamos esta función a cada preso actual y que no le dan la libertad condicional a aquellos con y mayor de 0,5.

Enhorabuena, es usted la reencarnación del mismísimo Tomás de Torquemada.

¿Qué hemos hecho mal? Pues olvidar el libre albedrío. Confiar en la ecuación anterior significa aceptar el determinismo como rector del universo y creer que nuestra función f(x) es capaz de captar su incomputable complejidad, hasta el movimiento del último átomo. Así que para lidiar con esta aleatoriedad la introducimos en nuestra ecuación:




La epsilon representa, por lo tanto, ese factor, que es una variable aleatoria que en ingeniería se conoce como ruido y en matemáticas como error. Dependiendo de lo que la ecuación represente, el error puede ser el ciudadano que miente en una encuesta, la mariposa que agita sus alas, el pánico en bolsa tras la noticia de un ataque terrorista a una planta petrolífera, o simplemente la suma de infinitos factores que afectan a f(x) pero que no podemos moldelar porque su comportamiento es aparentemente caótico. Por muy buena que sea nuestra f(x), hay una parte de ese error, la del libre albedrio, que nos la tenemos que comer por que no hay una máquina que pueda predecir con total exactitud si voy a seguir escribiendo o me voy a tirar por la ventana para demostrar que estoy en lo cierto. En definitiva,  ese factor puede girar la tortilla y hacer que un preso decida pasarse  al otro lado ante la sorpresa de nuestro oráculo que no supo ni pudo predecirlo, como tampoco sería capaz de predecir la aparición de un nuevo Hitler en Alemania.

Por ello obviar el libre albedrio equivale a considerarnos un ejército de robots cien por cien predecibles y cien por cien idénticos.  Si la sociedad es la suma de individuos f(x) + epsilon que se organizan en para maximizar y distribuir la felicidad, sacrificar el libre albedrío implica no solo negar nuestra realidad como personas sino implosionar la definición de sociedad, que quedaría en una triste, insípida, gris y determinista f(x).

Por reducción al absurdo, por tanto, quod erat demonstrandum.

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¿Cuantas veces he tenido que callar ante un enfermo que padecía una enfermedad
tan seria como el paro, y cuya solución cierta y etiológica hubiera sido un contrato
de un trabajo digno y estable. ¿Cuantas veces he tenido que disimular mi sentimiento
de solidaridad y de empatía con la anciana que me cuenta de su doliente soledad,
su miedo, y su desamparo? ¿Cuantas veces era consciente frustrado que el bálsamo
que no podía prescribir era un poco de afecto, o un cierto respeto, o un mucho de amor?
Infinidad de veces… y continuamente. Y de eso no hay pastillas, tampoco.

Así que a estas altura de la película me puedo permitir alguna sugerencia radical,
aunque pueda resultar descarnada, probablemente utópica, pero no por ello menos
cierta o substancial. Para quienes no quieran quedarse en la epidermis de las cosas
ni en la mediocridad de lo inmediato, para quienes cuestionen la evidencia de lo
superfluo evidente, aquí van algunas `PRESCRIPCIONES NO FARMACOLÓGICAS.

Si queréis vivir muchos años con dignidad, os recomiendo la trilogía de prescripciones no farmacológicas del Dr Toni Barbarà:
0. Prescripciones no farmacológicas
1. Médicas y médico-sociales
2. De salud: la vida cotidiana
3. Políticas: acciones de gobierno

  • Este anuncio no es de un medicamento.
  • Lea detenidamente las instrucciones de uso.
  • En caso de duda consulte a la gente de Dempeus.
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Hace un par de meses desde la Plaforma Badalona per la Pau pedimos en el Pleno del Ayuntamiento de Badalona la retirada de las tropas de Afganistán. Recientemente, a propuesta de nuestra amiga Chacón, se había aprobado el envío de unos quinientos soldados más. Mientras tanto, y paradójicamente, el gobierno se preguntaba cómo reducir gastos para salir vivos de la crisis. Nosotros -al igual que tantas otras organizaciones en otras partes y antes que nosotros- le explicamos a nuestro gobierno local una parte de la solución: retirar las tropas de Afganistán nos supondría un ahorro de unos 750 millones de euros al año, oiga!. Retirar las tropas del resto de países elevaría el ahorro a 1200 millones de euros, casi al equivalente conseguido por el recorte de las… -venga va, que ya nos lo sabemos- ¡pensiones!.

Recordemos que además de económicamente suicida y, oh dios mío, ¡ilegal! la invasión de Afganistán es moralmente dudosa, por no decir criminal, terrorista, represora, antidemocrática, colonialista, sucia y asquerosa.  En una entrevista esta mañana en el programa Els Matins de TV3, el director del Servei Català de Trànsit decía que “Catalunya no es pot permetre un mort cada dia”. Pues bien, señores, en Afganistan mueren nuestras tropas matan una media de seis civiles por día, y aquí nadie dice nada.

O casi nadie.

Y cuando algún colectivo de insensatos como la Plataforma Badalona per la Pau se presenta en un pleno del Ayuntamiento para denunciar, repito, que nuestra presencia en Afganistán es ilegal, inmoral, e imbécil, se relativiza el asunto con argumentos tan sólidos como “no es el momento” y “no tenemos competencia”. Y en ese momento un servidor, que está de pie defendiendo la moción, se pregunta de qué pasta está hecha esta gente, si en algún momento de su vida tuvieron ideales, o al menos un puñadito de principios. Y si en algún momento los tuvieron, por cuánto o por qué se vendieron al groucho-marxismo (éstos son mis principios…)

Es de ser malas personas.

El asunto no es baladí y es bueno -aunque sea maleducado- señalar con el dedo. No es dificil de adivinar. Los votos en contra de la moción vinieron de PSC, CiU, y PP. Los votos a favor fueron de ICV-EUiA -grupo a través del que presentamos la moción- y ERC -Mateu Chalmeta añadió su rechazo a la existencia de todo ejército. Por el otro lado fue destrempante el aparente pasotismo de nuestro Alcalde, Jordi Serra Isern (PSC) y de nuestro Tinent Alcalde, Ferran Falcó Isern (CiU), que durante el turno de réplica de la Plataforma se dedicaron a cuchichearse a la oreja, una práctica, por lo que he visto otras veces, nada inusual. Això, Ferran, també és incívic.

Y a uno le hierve la sangre cuando piensa que, ahora hará un año, el mismo Alcalde que ha votado para que nuestras tropas sigan matando en Afganistán, le daba la bienvenida a la ciudad, pequeño obsequio incluído, a Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, que vino a Badalona no por obra del ayuntamiento, evidentemente, sino en respuesta a la invitación de la Asociación de Vecinos del barrio de La Pau, que conmemoró su 50 aniversario con la visita a su local de tan admirable persona.

Me gustaría que Pérez Esquivel volviera a Badalona algún día y que supiera que aquel alcalde que, sentado a su lado en aquella sala, hablaba de la Paz como si le importara, un año más tarde uniría su voto al de aquellos contra los que Esquivel ha luchado toda su vida. Me gustaría ver con qué cara Jordi Serra le explica a Esquivel que la paz está bien, pero que “no es el momento”.

Pero no he venido hoy a hablar de la Plataforma -a la que por cierto podéis acercaros bien mediante nuestro grupo del Facebook, bien via e-mail, o bien via twitter-  sino de este artículo que acaban de publicar en El País. Lo firman Arcadi Oliveres, Alfons Banda, y otros destacados miembros de las organizaciones pacifistas catalanas:

Todo hacía esperar que, al término de la guerra fría, finalizada la
carrera armamentística entre las superpotencias, pudieran reducirse los
gastos militares e invertir los “dividendos de la paz” en cooperación
internacional y promoción de desarrollo global sostenible.

No fue así: de nuevo los países más poderosos de la tierra crearon las
condiciones necesarias para seguir incrementando las inversiones en
armas y tecnología militar. Para fabricar armas… hay que fabricar
enemigos.

El artículo entero puede leerse aquí.

Ahora que está mal visto matar toros, veremos cuándo nos decidimos por dejar de matar personas.

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Existen en el imaginario colectivo algunas leyendas urbans que con los años han ido cristalizando hasta el punto que hay quien los defiende como si lo acabara de leer en la mismísima Encyclopædia Britannica. Mitos como el de Walt Disney criogenizado, las eternamente crecientes uñas de Lenin, el coche de frente con las luces apagadas, la mermelada de Ricky Martin, o que en Erasmus, sí o sí, se moja.

Pero entre todos estos mitos, graciosos e inofensivos -sin entrar sobre las consecuencias en la autoestima de los Erasmus que “como se fueron, vinieron”- se encuentran otros que se fabrican con ciertos intereses -y mucha mala leche- y que son reproducidos por el grueso de la población por motivos varios, algunos freudianos y otros no, que aquí no vamos a analizar. Y como ya habrá adivinado, la señora y el señor, los apellidos del muerto al que me refiero yo, estamos hablando de… inmigración.

Habitando en la misma ciudad donde ejerce su antilabor política la bestia parda del Partido Popular uno empieza a estar tristemente familiarizado con el asunto. Así que sirva este texto como otro granito de arena para con la causa antiracista.

Empezamos:

Los inmigrantes no pagan impuestos: falso, no existe en la legislación española ninguna ley que discrimine -ni positiva ni negativamente- al inmigrante a la hora de pagar sus impuestos. Ya sea como ciudadano o como empresario. En realidad son los empresarios nativos los que menos impuestos pagan: el año pasado las empresas nacionales acumularon un fraude de mil millones de euros. Sin embargo se enfoca la mirada en el inmigrante indefenso que ha puesto una tienda, mientras los de arriba se van de rositas.

Los inmigrantes no se adaptan a nuestras costumbres: en este punto hay que decir ¿qué costumbres?. Los inmigrantes comen como nosotros, se relacionan como nosotros, y tienen los mismos intereses que nosotros: su realización como personas entre otras cosas a través de un trabajo y de su familia, el facilitar a sus hijos una educación y que cuando estos crezcan no sigan señálados como inmigrantes. Además los inmigrantes trabajan o sufren el paro exactamente igual -o incluso peor- que los no inmigrados. Entonces, ¿cuál es el problema? El ciudadano quiere no sentir al inmigrante, no verlo. El inmigrante ideal para el ciudadano es del ciudadano es un inmigrante mimetizado con la sociedad tradicional. Pero el único camino hacia ese punto es que el inmigrante tenga trabajo. En caso contrario el inmigrante, y los barrios inmigrantes, quedan condenados a la marginación y a la pobreza. Y esas no son costumbres culturales, sino imposiciones de nuestra sociedad que margina al que no tiene negándole cualquier oportunidad de ascenso en la escala social. Catalunya ha sido tierra de inmigrantes. Pretender negarlo es dar la espalda a nuestro pasado.

Los inmigrantes generan gasto público: al contrario, el grueso de los inmigrantes se compone de gente joven en edad de trabajar y con buena salud. Por lo tanto contribuyen al financiamiento de nuestra sanidad pública y generan poco gasto. Por cada español jubilado hay tres trabajando. Por cada inmigrante jubilado hay treinta trabajando.

Los inmigrantes ilegales no deben estar empadronados: esto, que es la intención de muchos elementos de la derecha, supodría un retroceso más que un avance. A los inmigrantes les quedarían negados derechos básicos como la educación, no pudiendo llevar a sus hijos a la escuela y por lo tanto condenándolos de por vida a una situación de analfabetismo y marginación extrema. Por no hablar de que se convertirían aún más en la imagen contraria al inmigrante ideal. A parte, el padrón es un elemento imprescindible de gestión por parte del ayuntamiento, pues le permite tener una radiografía real de la población y ejercer políticas de integración adecuadas.

Los inmigrantes nos quitan el trabajo: los inmigrantes son el sector poblacional que ha permitido un crecimiento desenfrenado -e insostenible- de la economía española durante los años precedentes a al crisis. Este modelo empresarial -especialmente el urbanístico- ha colapsado como era de esperar, dejando en la calle y desamparados a la mano de obra de la que muchos empresarios se beneficiaron. Los excesos de este modelo los pagan los trabajadores, inmigrantes y jóvenes a la cabeza. En Badalona el paro entre los inmigrantes se ha doblado hasta llegar al 50%. Mientras tanto aquellos empresarios que colaboraron en la catástrofe en busca de dinero fácil, que viven en barrios alejados de aquellos donde duerme antigua mano de obra, no han pagado ni una sola de las consecuencias de sus funestas prácticas. Ellos fueron los que trajeron la inmigración ilegal, y son ellos mismos los que ahora, cuando la maquinaria no necesita recambios, fomentan la expulsión de estos a sus países de origen. La lógica del capitalismo va por delante -más bien por encima- de la condición de seres humanos de los trabajadores.

Los inmigrantes deben volver cuando no hay trabajo: no es ni factible, ni justo, plantear que la mayoría inmigrantes retornen a sus países. La marginación de estos no provocará su regreso, sino su marginación, lo cual nos vuelve a alejar de la sociedad ideal, igualitaria y solidaria, a la que aspiramos. Además según los informes, dada al baja natalidad de la población autóctona, Catalunya necesitará setenta mil inmigrantes al año hasta 2020 para “sostener el nivel de bienestar”. El sueño de la derecha es apartarlos mientras la demanda no empiece, y volverlos a llamar cuando al capital catalán se le haya pasado la resaca y recupere su sed de crecimiento infinito a toda costa. Pero la única salida realista es la generación -y el reparto- del trabajo. Lo demás son utopías de aquellos que controlan el capital.

La inmigración es, para los ideólogos de la derecha, la cabeza de turco para sus propios pecados. En Badalona es simplemente su única manera de captar el voto de los barrios obreros.  Pero ante la que está cayendo no hay otra salida para la clase trabajadora más que la solidaridad entre todos sus mientros, su unión sin fisuras y su organización colectiva que defienda sus intereses ante los salvajes ataques del capital. La desunión de los trabajadores y la pérdida de la conciencia de clase, con unos mismos intereses y unos mismos opresores, ha permitido que éste ejecute sus políticas a sus anchas. O tenemos claro que compartimos más intereses -y no hablo precisamente  de los culinarios- con Mohamed  que con Albiol, o no andaremos muy lejos.

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En medio de un imponente jet lag me dispongo a intentar explicar, brevemente porque la cabeza no me da más, las cosas buenas y malas de ese país donde habita la mayor parte de los chinos. Y no hablo de Santa Coloma de Gramanet, que no es pais, aunque sí podria ser una nacion, sino de la China mandarina.

Si más preambulos, vamos para allá con lo bueno:

Con el numero uno, los parques. Los chinos, a diferencia de los españoles, utilizan los parques y los utilizan bien. Si te pasas por ellos a las ocho o las nueve de la mañana puedes ver a chinos haciendo principalmente Tai Chi. En cada parque, o en cada rivera del rio, se repiten los grupos de chinos que, ante una monitora -ignoro si profesional o voluntaria- reproducen sincronizadamente los que a la vista del observador occidental parece el mono borracho en el ojo del tigre y otros grandes hits. Por la noche también te puedes encontrar chinos disfrutando de un bañito en  los parques y rios.

Con el número dos, los ferrocarriles, o mas concretamente la red de ferrocarriles. Si Felipe Gonzalez hubiera gobernado China habria creado doscientos mil kilometros de vias en forma radial y con su centro en Pekín. Afortunadamente Mao y sus amigos apostaron por otro modelo como la única manera de unir por primera vez el país. En China puedes hacer en un mismo tren el recorrido equivalente a Portugalete-Mostoles. Sin olvidar el uso intensivo que también hacen del sistema de transporte más avanzado del mundo: la bicicleta. Aunque en los últimos años ésta ha perdido peso en beneficio del coche y en perjuicio de los peatones que tienen que santiguarse cada vez que cruzan una calle.

Con el numero tres, la hospitalidad. El noventa por ciento del turismo en china es… chino! Eso conlleva una ausencia de rotulacion en otra lengua que no sea el chino y una sensación de analfabetismo absoluto. Pero quizas por eso, por que les hacemos gracia y no se han llegado a cansar de nosotros, son increiblemente hospitalarios con nosotros los bárbaros occidentales. O simplemente por que son asi de majos, oye.

En aras de la brevedad me dejo en el tintero las gilipolleces como la sanidad, la educación, y todas esas cosas públicas que en nuestras respectivas dictaduras financieras empiezan a ser cosa de coleccionistas.

Y ahora vienen las tarjetas:

Como el que subscribe estas lineas cojea de lo que cojea, tenemos que dar la primera tarjeta roja al al abandono tácito -aunque no dialéctico- del marxismo-leninismo en pro de un capitalismo bastante extraño. Después de conseguir, mediante el primero, sacar al pueblo chino de un atraso de dos siglos respecto a los países que se industrializaron “a su tiempo”, desde la muerte de Mao el país ha tomado una deriva esquizofrénica que podríamos excusar pensando que, viendo como acabaron otros vecinos, el PCCh decidió abrir una nueva via de transición al comunismo abrazando un capitalismo controlado que les permitiera convertirse en potencia mundial y de esa manera tener suficiente fuerza como para continuar la revolución sin que las potencias capitalistas pudieran impedirlo. Ojalá me equivoque, pero todo apunta a que tras la muerte de Mao tomaron el control aquellos elementos revisionistas contra los que tanto se había luchado -en mi humilde opinión pasándose tres pueblos-, y así nos va. La cosa ha llegado al punto que cuando la semana pasada los trabajadores de una fábrica de la Honda hicieron una huelga exigiendo un aumento salarial, el gobierno de la provincia les amenazó con no tocar las narices a riesgo de perder algunos “beneficios locales”.

La segunda tarjeta roja para la falta de democracia. Tengo mis dudas sobre algunos flecos de la dictadura del proletariado, pero que tiene que ser democrática lo tengo más claro que el agua, y entiendase democrática como algo más a lo soviet que a lo que tenemos por estos lares. Acepto que se pongan unos límites al marco de la sociedad para evitar que ciertos elementos lleguen al poder y la cosa degenere en ciertas aberraciones. Pero no es tolerable que los ni los mismos miembros del partido sean partícipes de las decisiones que este toma. Un chaval explicaba que el había votado cuatro veces al candidato local que se le había señalado. Esta falta de democracia evita un dinamismo que hace que el partido se estanque convirtiéndose en una panda de chovinistas de pensamiento único y por lo tanto tarde o temprano equivocado. Es posible que sí existan los mecanismos para que los militantes, o incluso el resto de ciudadanos, participe. Pero si esto no ocurre el Partido debe tomar cartas en el asunto a riesgo de su propia autocondena.

La tercera tarjeta roja para la superpoblación. En realidad debería decir la saturación de la población en zonas urbanas, porque en densidad de población China está por debajo de Inglaterra o Alemania. De todas formas esta migración hacía las ciudades es algo de lo que también ha pecado occidente, pero no quita que genere desequilibrios en uno y en otro lado. La politica de natalidad, por cierto, no afecta a las minorías étnicas, sino exclusivamente a los Han, que representan aproximadamente el novena por cierto de la población. Decía Marx que el socialismo no puede sobrevivir ante la superpoblación y, añado yo, tampoco a la superconcentración.

Y la cuarta tarjeta roja para la censura. Hay que decir que la polémica de la censura con Google está algo adulterada por los medios. Recientemente Google se ha vuelto a bajar los pantalones, y antes de eso la polémica estaba en que Google redirigía www.google.cn (dominio Chino, con resultados de búsqueda censurados y sin acceso directo a alguno de sus servicios como Google Reader) a www.google.hk (Hong Kong), y el gobierno Chino no quería tal redirección. Sin embargo los Chinos podían ir directamente a la web de Hong Kong. Finalmente se ha acordado que Google pondrá en ww.google.cn un enlace directo a www.google.hk. Sin embargo sí que hay algunos servicios capados (como facebook y twitter), cosa bastante ridícula. Por otro lado desde hace años los kioskos están inundados de revistas tipo Cosmopolitan, que no harían mucho daño si siguieran censuradas.

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Este blog, como su nombre indica, pretende ser de política incluida la política baetulense. "La maldekstra kolono" en esperanto significa "La columna izquierda". Está claro que colono es columna y, por eliminación, maldektra es izquierda (dekstra es derecha, y en esperanto los antónimos se forman con el prefijo mal-). Decía que esto se llama "La columna izquierda", no "La columna derecha", así que si sacrilizas la propiedad privada, si defiendes los crucifijos en la escuela, si dices "perroflauta" con la boca torcida, si crees en las fronteras, en la militarización, y en todas esas mindongas que te han metido en la cabeza entonces, amigo, este blog no te va gustar.

El título del blog es en esperanto porque si un día tengo que utilizar una lengua internacional para un artículo que quiero que lean mis lectores en Pekín o en Pokón, utilizaré el esperanto (que puedes aprender, gratis y en un periquete, en webs como http://es.lernu.net). Y porque aceptar el status quo es morirse de asco.
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